
Eres mi conciencia, la pequeña voz que me recuerda... el haberte sacado los ojos, dejarte ciega. Sin ojos ya no ves mis pecados, pero me los cuentas. Con esa voz, ese crujido en tu pecho, de madera seca. Abandonada en la repisa, me miras sin mirar, desde lo alto. Juzgando cada movimiento, cada exhalación y temblor... Desterrada al olvido, al polvo y tiempo, sin embargo me miras... recuerdo de una infancia torturada, y tu a mi lado.
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